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Ene2018
imagen de foco representando una idea junto al código ingenios de ecuador

Consideraciones del Código Ingenios por Gabriela Campoverde

por María Gabriela Campoverde, CEO de Crealegis, estudio jurídico de propiedad intelectual y manejo de marca.

El proyecto “Código Orgánico de la Economía Social de los Conocimientos, Creatividad e Innovación” (COESC), conocido como Código Ingenios, reemplaza a la actual Ley de Propiedad Intelectual que entró en vigencia en el año 1998. El contenido de este proyecto de ley se adapta a nuestro siglo de mejor forma que nuestra actual y vigente norma, por lo que primero debemos aclarar que no atenta contra el sistema de Propiedad Intelectual. Sin embargo, sí existen algunos artículos del proyecto que deben ser reformados, como sucede con toda norma jurídica creada por el hombre.

Es importante entender que el proyecto continúa respetando el marco legal de normas o tratados supranacionales como el Acuerdo sobre los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio (ADPIC), Convenio de París, Decisiones de la Comunidad Andina, entre otros, y se reconocen expresamente los derechos de propiedad intelectual, inclusive en muchos casos de forma más precisa, por lo que nuestros creadores deben conocer que contarán con una fuerte base legal para defender, proteger y ejercer estos derechos.

Debemos reconocer que nuestra norma actual no responde a cabalidad (ni nunca realmente lo hizo) a la realidad de un país en vías de desarrollo como el nuestro. La actual ley de propiedad intelectual favorece en mayor medida a las industrias que se encuentran desarrolladas, lo que durante años ocasionó que nuestras industrias creativas y culturales no logren despuntar adecuadamente. Sus disposiciones son extremadamente proteccionistas al autor, a veces inclusive hasta contraproducentes al interés público, a tal punto que legalmente los actores de nuestras industrias se ven limitados a crear o acceder a obras en forma legal, lo que resulta en un atraso para nosotros como sociedad, un hecho inconcebible en una era en que el conocimiento tiene y puede llegar a tener tanto valor económico y poder. Solo para dar un ejemplo sencillo, con la norma actual, una biblioteca no puede legalmente reproducir un ejemplar que posee, con el fin de preservarlo o sustituirlo en caso de extravío o destrucción, sin obtener la autorización de su titular, lo que resulta en un sinsentido.

El Código Ingenios tiene un cambio ideológico de fondo que replantea a la propiedad intelectual como un medio para explotarla y utilizarla a beneficio de los creadores y titulares de los derechos. Sin embargo, en algunas disposiciones el enfoque del Código Ingenios está concebido con el concepto “en contra”: su lucha es contra el abuso que se ha llevado a cabo por titulares, del sistema proteccionista, de las limitaciones exageradas. Su búsqueda por “justicia” ha hecho que en algunos artículos pierda el espíritu de su razón de ser. Lo apropiado y lo eficaz debió ser diferente, enfocar su planteamiento “a favor”: en el desafío de favorecer a nuestros creadores como potencia intelectual, mediante la elaboración de normas que sirvan para impulsar el desarrollo de nuestras industrias creativas y culturales, a favor de la inversión en el conocimiento y de las creaciones locales, no solo por parte del Estado sino también de actores privados. Este enfoque nos beneficiaría como país, debido a que la norma se revisaría no solamente con la intención de equiparar los derechos de los autores, creadores, intérpretes y titulares locales, sino que además puede ser eficaz, capaz de generar la denominada economía naranja. Es por ese motivo que algunos artículos han sido redactados con alma buena, pero que en la práctica pueden afectar lo que tanto se anhela. Por ejemplo, el art. 111, crea un derecho irrenunciable para el autor sobre cualquier obra creada bajo relación de dependencia o por obra por encargo, el cual consiste en que el autor debe recibir el 10% de los beneficios. No aclara la norma cuales son estos beneficios, si su tiempo es indefinido, lo que causa incertidumbre jurídica para el emprendedor, empresario o a la persona natural que encarga una obra. Afecta a la rentabilidad de toda industria involucrada en la creación de obras: en el sector musical, literario, cinematográfico, audiovisual, artesanías, moda, diseño gráfico, software, aplicaciones digitales, gastronómicas, etc. Es así como Ingenios pierde en algunos casos la perspectiva, termina afectando y abusando a sus propias industrias. Esto sin duda no es el espíritu del cambio de la matriz productiva a través del proyecto de ley. La buena noticia es que sobre este tema en específico, René Ramírez, Secretario de Educación Superior Ciencia y Teconología e Innovación de Ecuador, ha expresado que no se va a incluir este 10% de porcentaje de los beneficios en forma irrenunciable. Por supuesto que es su palabra, y la última la tendrá la Asamblea, por lo que seguiremos denunciándolo, hasta que efectivamente no se apruebe dicho artículo de la forma en que está escrito en la segunda versión del proyecto de ley.

Otras disposiciones del Código Ingenios resultan muy positivas y son importantes de rescatar. Por nombrar algunas, las detallo a continuación:

– En el proyecto se formulan normas y la adecuación de un marco legal importante para desarrollar la industria científica de nuestro país, de tal manera que el  profesional pueda hacer carrera en el ámbito de la investigación.

– En el caso de los estudiantes, cuyas tesis o proyectos desarrolladas en instituciones educativas les pertenece su titularidad, lo que actualmente no es así pues constituye una obra por encargo y hoy en día la titularidad las tienen las instituciones educativas (salvo pacto en contrario). Adicionalmente, le permite a la universidad la posibilidad de explotar la tesis o proyecto del estudiante, pero con la obligatoriedad de concederle el 40% de los beneficios.

– La protección de los conocimientos tradicionales y saberes ancestrales está ampliamente desarrollado y nos beneficia como país.

– También se plantean nuevos mecanismos para acceder a obras que por tiempo o limitación de sus titulares no era posible y nos atrasaban como sociedad.

Entre otros temas que resultan positivos, y que en su momento podremos analizar detalladamente.

El mayor desafío para las industrias creativas y culturales es informarse y asesorarse adecuadamente del marco jurídico que entre o inclusive del que hoy se encuentre en vigencia. La necesidad de la formalidad en los creativos, conlleva el educarse en sus derechos de propiedad intelectual y en los de terceros. Las consecuencias para quienes trabajan en el área de la creatividad (con o sin el proyecto aprobado) son: incurrir en una disputa jurídica, exponer a un conflicto legal a sus clientes, y no aprovechar las normas que los favorecen.

 

Para recibir asesoría acerca de protección de tu propiedad intelectual escribe a mariagabriela@crealegis.com